jueves, 18 de septiembre de 2008

LEAN

EL TEMA DE LOS PERSONAJES Y SOBRE TODO, LOS NENES.
TAMBIÉN ESO QUE NOS MARCÓ FEDERICO, LO DEL ENTORNO.
Los protagonistas de las narraciones de Salinger son con frecuencia niños o adolescentes; pero incluso cuando se trata de adultos podemos advertir, en muchas ocasiones, un profundo sentimiento de desorientación en ellos. Tenemos la impresión de conocer personajes desangelados, sin unas directrices rectoras claras por las que deslizar un comportamiento decidido y sin nadie o nada a su lado capaz de proporcionárselas. Abundan los tipos fracasados o frustrados como aquellas dos amigas que, en un recuerdo casi patético, reviven la habitación que compartieron en el College, como el marido que, en plena luna de miel, termina tranquila y fríamente por descerrajarse un tiro. Es decir, que la sociedad, delimitada descriptivamente por vivos y esclarecedores detalles de realismo (que tan interesante sería a la hora de hacer un recuento de usos y costumbres de todos los ritos y servidumbres del tan manoseado american way of life), está compuesta por personas cansadas, vacías, superficiales, verdaderos engranajes de un mecanismo que las supera. Son ilustrativas al respecto, por ejemplo, esas frases escoradas de banalidad, entrecortadas o sin terminar que, como pesados clichés lingüísticos desgranan, desganados, los personajes. Salinger se inscribe así en la corriente abierta por Mark Twain de renovación del lenguaje novelesco con formas jergales y coloquialismos que pueden tener el valor de la frescura espontánea, aunque a él le sirva, muy concretamente, como registro de la banalidad y del lugar común.

Los héroes infantiles de Salinger parecen retrotraerse a ese último atisbo de ilusión de los adultos, suponen el esfuerzo del autor por querer recuperar el estadio anterior a la caída, aunque ésta, irremisiblemente, sea como observa Ihab Hassan self-deception [3] y nos remita a los protagonistas de Mark Twain, Huck Finn, sobre todo, en su idilio con el río; pero estos niños tampoco son los de Dickens, sino que tienen un dramatismo hiriente en su mirada, parecen atemorizados como los de The Turn of the Screw de Henry James. En buena parte de sus Nine Stories somos testigos de esta dinámica niño-adulto que hemos señalado


EL TEMA DE LA MUJER (Lo que decía Marlene del Pez Banana)
La presencia de la mujer es considerada como una debilidad, como un desliz ante el que uno se sonroja, como le sucederá al jefe cuando el adolescente le pregunta por la fotografía pegada en el autobús. Si, por fin, la mujer consigue introducirse en el mundo masculino estará democráticamente sometida a las mismas pruebas que el hombre, a lanzar perfectamente desde la primera base o a lograr tres dobles corrientes, aunque la experiencia demuestre que en el ánimo femenino todo se reduce a una frivolidad pasajera o a una mera coincidencia con las horas de visita al dentista. (El personaje femenino requeriría, no obstante, un ulterior y más profundo análisis). Juan José Coy nos puede ayudar en este punto [6].

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